En el trabajo de Lorenzo Guzzini, la materia nunca es un simple revestimiento. Se convierte en estructura narrativa y elemento atmosférico, determinando cómo la luz se posa en el espacio.
Cuando para el restaurante 10 Nodi surgió la petición de «llevar el mar al interior», la respuesta no fue ilustrativa. No se trataba de representar, sino de evocar.
El mar no podía introducirse como imagen literal, pero sí podía traducirse en vibración, reflejo y memoria perceptiva.
A partir de este planteamiento se desarrolla un proyecto en el que superficies y luz operan en continuidad, construyendo un paisaje interior que sugiere agua, muelles y roca sin recurrir a una representación explícita.
La materia como memoria espacial
El primer nivel del proyecto es material y tectónico.
El pavimento, realizado con tablas de madera con fijación vista, remite al muelle no solo desde el punto de vista formal, sino también acústico: el característico crujido se convierte en parte de la experiencia espacial, generando la sensación de un espacio suspendido sobre el agua.
Las paredes, concebidas como una caverna, introducen una dimensión primigenia. Se trata de una superficie excavada e irregular, posteriormente calibrada y suavizada mediante una paleta cromática cálida —beige, óxido y matices naturales— que aporta profundidad sin sobrecargar el ambiente.
En este contexto, la materia no cumple una función decorativa, sino que construye la atmósfera del espacio.
El vidrio como superficie óptica y líquida
El gesto proyectual más significativo surge de la voluntad de traducir el agua en un fenómeno óptico y luminotécnico.
Las mesas de vidrio artístico se conciben como superficies líquidas desde el punto de vista perceptivo. El flujo luminoso las atraviesa, interactúa con la textura y se refleja sobre el pavimento, generando efectos de luz que evocan el movimiento del agua.
Este resultado no es casual, sino fruto de una precisa calibración luminotécnica. Las fuentes de luz han sido posicionadas y ajustadas como en un sistema fotográfico: a corta distancia la proyección se percibe más difusa, mientras que a mayor distancia adquiere mayor definición.
La altura de instalación y las distancias han sido cuidadosamente estudiadas para evitar desenfoques y controlar la nitidez de la proyección luminosa.
De este modo, la mesa actúa como una lente óptica, y la luz se convierte en una herramienta para enfocar la atmósfera y la percepción del espacio.
La luz como consecuencia de la materia
En el proyecto, la luz no se define como una decisión estética final, sino como una consecuencia directa de la elección material.
La temperatura de color seleccionada, 2700K, es coherente con la paleta tonal cálida del interior. El principio es claro: la luz cálida refuerza los materiales de tonos cálidos, mientras que la luz más fría acompaña tonalidades frías. La iluminación no se decide al final por criterio estilístico, sino que se desarrolla en paralelo a la definición de materiales y superficies.
Para la iluminación puntual se emplearon luminarias como Newton Special, en una versión específica que dialoga con los materiales y acabados del proyecto. En este caso, la precisión óptica resulta fundamental: control del haz luminoso, altura de instalación calibrada y ausencia de deslumbramiento.
Paralelamente, sistemas lineales como Wanda se integraron en las gargantas luminosas que recorren la barra y las zonas de asiento, iluminando superficies pétreas y bóvedas. La luz se desliza sobre los paramentos, modela los volúmenes y potencia la materialidad del espacio sin imponerse visualmente.
La luz se configura así como un elemento constructivo que amplifica la percepción de la profundidad espacial.
El acabado de las luminarias también influye directamente en el resultado lumínico final. Un acabado efecto óxido, por ejemplo, intensifica el componente cálido de la emisión luminosa, incrementando la percepción cromática y haciendo el ambiente más envolvente. En este sentido, el acabado pasa a formar parte integrante del sistema de iluminación. Se trata de un trabajo de precisión técnica y luminotécnica que produce un resultado profundamente perceptivo.
La atmósfera como categoría proyectual
10 Nodi no es un restaurante temático, sino un espacio arquitectónico que sugiere a través de reflejos, superficies y vibraciones luminosas.
Materia y luz no se entienden como elementos independientes, sino como componentes de un único sistema proyectual. La atmósfera se construye mediante una lógica rigurosa, en la que cada decisión; material, óptica y luminotécnica, contribuye a generar una experiencia espacial coherente e inmersiva.
Así, luz y materia se transforman en arquitectura espacial.
FOTOGRAFIA: Serkan Emre Erçakır